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La intolerancia a la fructosa, esa gran desconocida

¿Te duele el estómago cada vez que comes fruta? ¿Te provoca movimientos intestinales que producen ruidos? ¿Gases frecuentes? ¿Náuseas y vómitos? Si es así, es probable que seas intolerante a la fructosa, y no lo sepas.

A pesar de que se trata de un síndrome muy frecuente (tal vez más que la intolerancia a la lactosa) que puede llegar a afectar a entre un 40 y un 60% de la población, hay muchos intolerantes a la fructosa que no sospechan que lo son. Tampoco se han identificado claros factores geográficos o raciales, como sí ocurre con la intolerancia a la lactosa. Esta intolerancia sigue siendo una gran desconocida por pacientes y médicos, razón de su infradiagnóstico.

¿Qué es la fructosa?

Es un monosacárido, también conocido como azúcar de las frutas y la miel, que tradicionalmente se ha usado como edulcorante para diabéticos, ya que tiene una alta capacidad endulzante, menos calorías que la glucosa y la sacarosa, y un índice glucémico bajo.

¿Qué alimentos contienen fructosa?

Está presente en la fruta, y en vegetales y plantas, particularmente aquellas procedentes de las gramíneas (centeno, trigo, avena, cebada), liláceas (cebollas, puerros, espárragos) y compositas (alcachofa, lechuga, girasol), pero también puede ser sintetizada a partir del maíz como sirope y usada como edulcorante de productos dietéticos.

¿Se consume mucha fructosa?

En general, el consumo diario de fructosa varía ampliamente alrededor del mundo y depende sobre todo de los hábitos y del uso de la fructosa como endulzante. En Estados Unidos, por ejemplo, el consumo de fructosa se ha incrementado ampliamente por su uso como edulcorante, siendo el consumo medio de fructosa de 54,7 gr/día en la población general y de 73 gr/día en adolescentes. Esto supone un incremento del consumo de fructosa de casi el 50 por ciento en relación a los datos estimados de finales de la década de los 70.

Sin embargo, en la Unión Europea no se ha producido la sustitución de sacarosa por fructosa a gran escala y, por tanto, se consume mucho menos fructosa. Así, por ejemplo, el consumo medio de fructosa reportado en Finlandia es de 17 gr/día, en su mayoría procedente de frutas y verduras. 

¿Qué ocurre en mi cuerpo?

La intolerancia a la fructosa supone un problema de absorción del intestino, que no puede con la fructosa, y entonces acaba pasando al colon, donde fermenta, de ahí que se produzcan gases, movimientos intestinales, diarrea, náuseas y vómitos.

¿Qué debo hacer?

Acude a tu médico. El diagnóstico tiene que ser lo más preciso posible. El test de hidrógeno y metano espirado se puede considerar como la mejor prueba para el diagnóstico. Esta exploración es un test funcional no invasivo que evalúa la presencia de malabsorción y la clínica asociada, permitiendo establecer un diagnóstico claro de intolerancia a la fructosa.   

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